domingo, 9 de noviembre de 2014

Silencio


Silencio. Eso ella produjo.
       De nada tuvo que quejarse, porque ya nada sentía; porque ya nada ella era. La dejo sin luz en sus ojos. Esos ojos que poco antes fueron los más brillantes que habrías visto. Esos ojos que tenían el poder de enamorarte en un instante.
      Sus manos cayeron sin vida sobre su cabeza. Sus últimos suspiros fueron degradantes. Trato de mantener la mirada en alto, pero el aire que le faltaba se lo impedía.  
      Lo próximo que ocurrió fue que su rostro comenzó a sonreír. Sus ojos se abrieron suavemente, y sus coquetas pestañas parpadearon.  Miro a su lado y vio a su amado. Este la miro.
       Le acaricio la cara y ella hizo lo mismo. Se quedaron mirándose con infinita ternura…

Luego se dijeron aquellas palabras las cuales hoy día producen tanta controversia. Ellos se amaban, y nadie tenía la potestad ni el derecho de decirles lo contrario.

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