domingo, 27 de septiembre de 2015
La belleza de ella
Lo primero que notas es su forma. Sí, la forma anular que su rostro irradia. Notas los colores de ese rostro: los de ella son blanco y rosado. El rosado es el más notable, pues sus pómulos tienen el rosado más hermoso que hayas visto. Este color va agraciadamente de la mano con el de de sus ojos; un verde tierno que logra un brillo en la mirada que más has amado de una mujer.
Al bajar la mirada, notas que sus labios están curveados de modo interesante y te provocan un deseo incógnito que de la única manera de remediarlo... bueno, porqué más soñar.
Ella te mira, leyendo en tu mirada el deseo que sientes por poseerla. Se acaricia el cabello, dándote la señal que a lo mejor necesitas. Piensas que este es tu momento. Te levantas de esa ociosidad que te lleva impidiendo conseguir el posible amor de tu vida desde hacen años. Le hablas...
Dices esas palabras que tu corazón ha arrastrado por mucho. Se lo dices con la diplomacia que merita esta chica, guardián ahora de tus ilusiones y deseos.
Los ojos le brillan ahora aún más. Su semblante expresa necesidad. Su piel se encrespa.
Intentas entender de qué se trata esa necesidad. No quieres ser un sobrado, pero sientes urgencia de acariciarle el rostro. Llevas bastante tiempo soñando con el momento en el que puedes sentir su piel y tenerla en tus brazos.
Si más preámbulos y como quien ha sido damnificado por un choque de electricidad, la besas. Ella te devuelve el beso. Sus labios son suaves y dulces... pero su aliento huele mal.
La boca le apesta. Que asco. Es linda pero no le hace justicia a tu sentido del olfato. Decides que el amor podría llegar en otro momento...
La belleza de él
Te le acercas. El momento se te acerca de conseguir el amor de tu vida.
Estrechas tus brazos y te golpeas con el espejo de tu cuarto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)